Crónica

Anorexia: el temor a subir de peso.

Lamento mucho no poder venir antes, espero que me disculpes amiguita linda. Sé que he sido muy ingrata contigo Alicia, dirás que me he olvidado de ti, pero sabes muy bien que eso no es cierto. Tú y yo sabemos que siempre nos vamos a tener la una a la otra, pase lo que pase. Pero mira, te he traído estas lindas rosas, para que no te enojes conmigo. Las voy a poner en este florero, para que no se marchiten. Pero mira, que bonita foto te han puesto aquí, sales muy linda y sonriente. ¿No es esta la foto de aquella vez? Claro, ya lo recuerdo muy bien, esta foto te la tomaste cuándo te acompañé a tu sesión de fotos. Ambas estábamos muy contentas, pues habías pasado el casting para ser modelo. Me acuerdo que esa tarde lucias esplendorosa, aunque te enojaste un poquito conmigo por llegar tarde, es que tenía una reunión con los chicos de mi instituto. Pero igual, me sonreíste al verme llegar y de inmediato partimos al estudio fotográfico.
Desde ese día, no paraban de llamarte para hacerte más sesiones fotográficas, para que modeles vestidos de reconocidas marcas. Salías en catálogos, revistas y hasta en paneles publicitarios. Y encima en tus ratos libres hacías las veces de anfitriona. Todos los chicos del instituto se morían por estar contigo. Incluso cuando te invitaban a comer, les decías que no podías por tener muchas ocupaciones de modelo. En realidad no tenías tiempo para nada, dejaste a un lado los estudios, para dedicarte de lleno a las pasarelas.
Recuerdas que en el cumpleaños de Patricia, nuestra mejor amiga, tomamos un par de tragos, como lo hacíamos desde el colegio, y comíamos todo lo encontrábamos en la cocina, la pasamos muy bien ese día. Hasta que tú después de probar unos bocaditos, te fuiste directo al baño. Estábamos muy preocupadas por ti, pensábamos que te ocurría algo, pero nos decías que era mejor vomitar el alcohol y las grasas consumidas, ya que eso engordaba. Lamentablemente esa misma escena, se repetía cada vez que salíamos a fiestas o a comer algo. Nosotras siempre tratábamos de que no lo hicieras, pero eras muy terca, cuándo algo se te metía en tu cabeza no lo dejabas. Ahora era que estabas demasiado gorda, por eso vomitabas. Tal vez por esas discusiones que teníamos contigo, es que decidiste no salir más con nosotras, pues según tú, las otras modelos te comprendían mejor, no te regañaban, es más te daban consejos para que bajes de peso, pues ellas si se daban cuenta que estabas demasiado gorda.
Después de meses te encontré haciendo ejercicios en el gimnasio. Me sorprendí al ver como habías bajado notablemente de peso.
– ¿Qué haces Alicia, para mantener esa figura, vamos no seas malita y cuéntame tú secreto? te dije.
– Nada, Vale, no es ningún secreto, hago lo que hacen todas las personas para bajar de peso, hacer una dieta estricta y por su puesto, para que las cosas estén en su sitio, tengo una rutina de ejercicios dos veces al día, me respondiste.
Te quejabas demasiado, pues no podías cumplir con esas rutinas, ya que tenías que modelar. Tu agente te estaba exigiendo que bajaras esos “rollitos” que solo él veía en tu delgada figura. No quise discutir, pero me parecía muy exagerado lo que te decían, estabas más flaca cada día, y yo no notaba ningún rasgo de sobrepeso en tu cuerpo. Ya no tenías esa sonrisa que siempre te acompañaba, noté en tu mirada algo de fastidio por mis palabras, hasta que no aguantaste más y me empezaste a decir, gritándome.
– Perdóname que te lo diga Valeria pero, déjame en paz. Tú no sabes nada de estas cosas. Es más, ya no quiero escucharte. Permiso que tengo cosas más importantes que hacer.
Me dejaste conmocionada, nunca te habías comportado así, menos conmigo. Agarraste tus cosas, me diste la espalda y te fuiste raudamente sin despedirte.
Por lo que pude enterarme, ese comportamiento no solo lo habías tenido conmigo, sino con varias personas del instituto. Y todo por que ellos te habían dicho que estabas muy flaca, que comieras un poco más, que así al paso que ibas podrías enfermar. Es más, hasta a tu madre le gritaste. Ella que siempre se ha preocupado por ti, que te ha dado todo lo que has querido, comprándote ropa, enviándote a los mejores colegios. Por ti a trabajado día y noche, para que no te falte nada. Sabes, a tu mamá la encontré destrozada, no comprendía por qué te portabas así con ella. Solamente te preguntó, sin querer molestarte, por qué no comías. Eso no era para que explotaras de ira contra ella y te fugaras de tu casa.
Para suerte tuya, te acogió en su departamento Claudia, una chica trabajadora y amiga de ambas desde el colegio. Ella me llamó muy preocupada por ti, me comentó que estabas muy delgada, que a pesar de que medias 1.70 cm., estabas pesando nada más que 40 kilos. Pero según tú, seguías viéndote gorda. Eso no era todo, cuándo ella te llevaba comida al departamento, siempre ponías toda clase de excusas para no comer, inventabas dolores de estómago, que ibas a salir y por eso no tenías tiempo, que después lo ibas a probar, etc. También me contó que, sufrías de insomnio, pues te pasabas todas las noches en fiestas o reuniones de trabajo. Andabas como zombi por el departamento en las mañanas, toda desaliñada. Incluso no tenías ganas de hacer nada, sentías una tremenda fatiga cuándo arreglabas tus cosas. Te la pasabas viendo televisión todo el día y leyendo revistas para mujeres, en donde salía las tendencias en el vestir y siempre decías, que esas chicas sí que estaban en su peso ideal, pues se veían flacas, les quedaba bien la ropa que lucían y encima pesaban menos que tú.

Regresaste a tu casa, después de 6 meses, ya que te enteraste que tu mamá estaba sufriendo mucho por ti y estaba muy sola en esa casona tan inmensa. Esa misma casa en dónde siempre jugábamos de pequeñas. Le pediste disculpas le prometiste que no ibas a tratarla mal nunca más. Te iba de maravilla en tu trabajo, eras considerada una de las mejores modelos de Lima, con mayor proyección a nivel nacional. Incluso firmaste un contrato con una compañía de cosméticos internacional. Te escogieron por tus facciones finas, tus ojos marrones claros, tus labios delgadísimos y por tu perfecta sonrisa.
Todo parecía irte bien, no había revista o publicación en la cuál no aparecieras. Eras muy famosa, dejaste de ser una promesa en el competitivo mundo de las pasarelas, para ahora ser una realidad. Esa imagen que proyectabas no era del todo cierta. Sabías actuar muy bien frente a las cámaras, pero te quitabas esa careta en tu hogar. Después de todo ese glamoroso mundo de la fama, cuándo regresabas a tu casa, te sentías mal, tu estado anímico decaía profundamente. Sufrías de desmayos a cada rato, ya que no podías injerir alimento alguno, siempre sufrías de estreñimiento. Y cuándo por fin probabas comida, te daba una indigestión acompañada por unos intensos mareos.
Logramos llevarte al médico con tu mamá, para que te analicen y saber qué es lo que tenías. Después que sufrieras una fuerte crisis que te llevó a desmayarte en la casa. Recuerdo muy bien cuándo el doctor le dijo a tu madre que sufrías de Anorexia Nerviosa, la cuál se caracteriza por el temor a aumentar de peso, que es causada por tener una visión distorsionada y delirante del propio cuerpo, que hace que el enfermo se vea obeso aun cuando su peso se encuentra por debajo de lo recomendado. En los exámenes te diagnosticaron también osteoporosis. Tus uñas eran bastante frágiles, se rompían a cada rato. Esa melena castaña que lucias en cada foto ya no era frondosa y brillante, tenías perdida de cabello. Estabas perdiendo el esmalte en los dientes, se encontraban todos amarillos y casi todos carcomidos por las caries. Te habían aparecido muchos vellos en los brazos y piernas. Incluso sufrías alteraciones en la menstruación No soportabas los vientos fuertes, tu intolerancia al frío era inmensa, incluso cuando hacía calor, sufrías de escalofríos. Tanto habías adelgazado, que se podía notar a simple vista todos tus huesos, a pesar de ello seguías diciendo que estabas gorda. Tu estado era muy grave necesitabas un tratamiento urgentemente, pues se podía complicar más esta enfermedad.
Con nuestros amigos del instituto y del colegio, nos turnábamos para ir al hospital y no dejarte sola en esos momentos tan difíciles que estabas pasando. Cada uno en cierta forma tratábamos de apoyar anímicamente y emocionalmente a tu mamá, que no te dejaba sola ni un segundo. Ahí se vio quienes eran tus verdaderos compañeros, pues curiosamente, tus “amigos” de la farándula, las modelos con quienes compartías pasarelas, los publicistas e incluso aquel agente que te exigía cada día que hicieras todo lo posible para bajar de peso, no se acercaron al hospital para visitarte ni una sola vez. Fue una lucha constante, se te notaban las ganas de vencer esta enfermedad, tu ánimo había cambiado, ya probabas en pequeñas cantidades alimentos. Volvías ser la misma de antes, aquella chiquita que no se dejaba vencer por ninguna dificultad que se le presentaba.

Pasado un mes, conseguí un trabajo fuera del país. Tanto empeño le puse a este nuevo empleo, que me alejé hasta de mi familia. Era como si me hubiera tragado la tierra. Ahora ya más consolidada en mi puesto laboral y disfrutando de mis vacaciones. Ni bien bajé del avión, me fui a tu casa, para verte y saber como estabas después del tratamiento, pues siempre pensaba en ti. Tu mamá me recibió como siempre, con un fuerte abrazo y se alegró mucho al verme. Me contó entre sollozos y muy entristecida, que habías sido muy fuerte al tratamiento. Incluso los doctores se asombraron de tu evolución. Todos estaban alegres.
Pero una tarde, sorpresivamente te vino una arritmia segundaría que acabó con tu vida. Los médicos indicaron que la causa de tu deceso, fue por que tu corazón ya se encontraba bastante debilitado. Dejando un gran vació en la vida de las personas que te llegaron a conocer mejor durante tu tratamiento en el hospital.
Es por eso, que estoy aquí, frente a tu tumba. Trayéndote estas hermosas rosas para adornar tu lecho de muerte. Lamento mucho no haber estado en tu velorio, no poder despedirme de ti. Me duele tanto en el corazón perder de esa manera a una chica tan amable, tan hermosa, con tanta vitalidad, muchas veces me contagiabas con tu optimismo y me animabas a triunfar en esta vida, sobre todo no ver más mi única amiga.
Espero que al menos esta historia, tú historia, sirva de lección para aquellas personas que sufren de este trastorno alimenticio, que se den cuenta que esto es curable. Que existe un tratamiento para revertir esa sensación de sentir un sobrepeso en el cuerpo, pero el primer paso es darse cuenta por sí mismo que uno sufre esta enfermedad. No hacer demasiado caso a tanta publicidad, que se nos aparezca en el camino, que nos guíe hacia un adelgazamiento drástico por que sino seremos rechazados por una sociedad consumista. No hacer dietas extremas. No perder la costumbre de ingerir alimentos. No solo consumir la llamada comida chatarra o rápida. No dejarse manipular por la moda, por la aparición de ropa cada vez más estrecha, de las modelos cada vez más delgadas, esto puede influir a muchos jóvenes a emularlos. Hay que enseñar a los muchachos a huir de esta moda de la delgadez extrema, enseñando a las personas a ser feliz con su propio cuerpo, quererse tal como uno es, gordo, delgado, feo, chato, etc. Estoy segura, que si mi amiga Alicia no hubiese negado nunca que padecía de anorexia y no se oponía a ir al médico para tratarse y rehabilitarse, todo por miedo a subir más de peso, no estaría muerta.
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12 comentarios

  1. guacho… esta beuna la historia.. me da un poco de impresion.. ya te lo dije.. me gusta como la cuenta la amiga.. es un poco chocante.. pero bueh.. vale actualizar.. a ver si te encontramos una musa inspiradora jajaja…
    suerte, bala.. que estes bien
    y que el fin del mundo te pille bailando

  2. Hey Palu, la amiga que cuenta la historia es el mismo Huerta con peluca, hace bien el papel de chica, no? por qué será? jeje (es una broma, no te enojes Charles).
    Me identifico demasiado con esta historia, tal vez yo misma esté yendo para el camino de la anorexia, no como casi nada, me veo en el espejo y quiero que mis yucas (piernas), se vuelvan la mitad de lo que son, pero no se preocupen lo superaré, voy a pedir en este momento dos pizzas extra large con Coca Cola, ensalada y unos cuantos pollos fritos.
    Oye comando antiyucas, nada de meterte a contestarme nada, te odio.
    Bueno, el perdido de Huerta, espero que aumentes otra historia siquiera una vez por año, estás medio flojito mijo, suelta la chela y agarra el lapicero que solo practicando vas a ser mejor cada día.
    Chaufa con tacu tacu

  3. Pero tu si que eres babosa, oye. Si tu adelgazas tu yucas, Perú pierde uno de los patrimonios nacionales más valiosos que tiene. Te pedimos encarecidamente que no lo hagas… DAME! DAME!:p Ah, pero eso si… no uses esto de pretexto para masticarte dos pizzas, porque eso ya lo vienes haciendo desde hace mucho y sin necesidad de excusas. No te vengas a hacer la que se cuida delante de los que te vimos comerte un platazo de arroz chaufa, ceviche, salchipapas… todo junto. Ya pues, no me obligues a que siga quitándote la careta delante de todos.

  4. KUSOOO, tenías que meter tu cucharota, comando antiyucas :@ cada vez me caes más chinchoso, pero conformate con quitarme solo la careta ya que otra cosa no me vas a poder quitar NUNCA 😛 uretihsia

  5. Huerta, tu tienes algún conocido con este problema? Es todo un tema. Hay gente que cree que es una cuestión netamente femenina. Es cierto que en general son chicas y adolescentes, pero no creo que se acote sólo a eso. Lamentablemente la opinion externa (los medios, la sociedad) ejercen una influencia y una presión muy fuerte sobre algunas personas con una autoestima lo suficientemente vulnerable y baja como para caer en estos trastornos de alimentación. Muy interesante crónica.

    PD: Mira yucas, yo no tengo ninguna intención de quitarte ninguna otra cosa… además sería imposible porque hace rato que no te la cambias, cochina.

  6. Mira flaquito, ya dejate de joder, más bien preocupate en no caer tú mismo en la anorexia, come más y balanceado.
    Ya para de escribir que este blog no es de nosotros, hay que dejar espacio para los otros también 😛

  7. mira YUCOTAS: primero y principal hay algo que se llama libertad de expresión, segundo tu no eres la dueña del blog para decirme qué hacer, y tercero mejor preocúpate por tus neuronas anoréxicas que hace rato que vienen rechazando toda idea que oficia de alimento para ellas… pero bien flaquitas y débiles están.

  8. Si fuera así mi querido comando antiyucas, ni te tomarías la molestia en contestarme, si me contestas es por que te encanta jalarme la lengua, aunque digas que mis neuronas están anoréxicas.
    Bueno, yo te quiero a pesar de todo, pero recuerda siempre que yo puedo hacerte enojar mil veces más, así que no me provoques, cariño 🙂

  9. asu madre… no sólo amenaza la huevona sino que además se contradice… pide que deje de escribir pero ella responde una y otra vez! Ay ay ay, yucotas, cada vez más y más flojo lo tuyo…

  10. Lo que cada vez más y más flojo te está quedando es el cinturón, flaquito.
    Ya pues, ya me cansé, no sigo contestandote, comando anti yucas, por que más cabeza dura que tú no existe en este mundo y esto no tiene fin así 😛

    THE END

  11. Quiero que quede grabado, asentado y certificado por escribano que dijo que ya no va a contestar. No vaya a ser que termine en otra contradicción de la babosa esta… El cinturón me queda más que bien, no como a tí que para cerrarlo tienes que llamar a los vecinos, a los bomberos, al equipo de rugby de la zona… dentro de poco cuando mires hacia abajo ya ni te vas a poder ver las yucas.

  12. Cumpliendo con mi promesa, no pienso contestarle a cierto individuo.
    Huerta, no conoces casos de pobres chicas inocentes que son engañadas con dulces palabras, las utilizan, las desechan apenas saben que estan embarazadas, como si nada y encima las llaman gordas, por esos tipos sin corazón, que deberían matar quemandolos vivos. Una crónica de eso no estaría mal, tendría mucho para comentar 🙂

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