Atrapados

Amores Náufragos III

– ¡Detengan el elevador!
Se escuchó la voz algo desesperada y agitada de una linda dama que venía corriendo. Derrumbando toda la tranquilidad que había en el pasillo del hotel. Gabriel, que ya se encontraba dentro del ascensor, lo detuvo sin pensarlo dos veces, hasta esperar a la apresurada mujer. Ella le agradeció el gesto y rápidamente apretó el botón para ir al primer piso. A pesar de que él tenía sus pensamientos en otras cosas que le agobiaban, le atrajo mucho la atención ver a la joven mujer. La examinaba de reojo a través de los espejos del elevador. Notó que ella era bastante menor de lo que aparentaba ser, pues traía una vestimenta muy formal. No entendía, como una mujer de su edad, no utilizaba ropa que estaba a la moda. Gabriel se dio cuenta que la conocía, pero no recordaba dónde la había visto, se mortificaba mucho, pues una mujer así, es muy difícil de olvidar.
Al costado, Carolina, repasaba mentalmente lo que tenía que decir ante la prensa que la estaba esperando muy impaciente por su demora. Se encontraba nerviosa, no le gustaba el acoso de las cámaras ni las preguntas de los periodistas. Se sentía presionada. Es más, sentía las miradas libidinosas de los fotógrafos. Le dolía pensar que solo llegó al Congreso, no por sus ideas de cambiar la política y la administración pública, sino que tan solo votaron por su belleza física. Tenía que demostrar lo contrario, pues era una mujer de ideas fijas, pero sus miedos la traicionaban.
Los pensamientos de ambos ocupantes del ascensor, se diluyeron de una forma violenta, pues en esos precisos momentos el elevador dejó de funcionar. Se prendió la luz roja de emergencia. Por unos segundos se miraron las caras, y al unísono de sus voces, pidieron auxilio. Cada uno por su lado, sacó su celular, llamaron a los bomberos, a sus familiares para que sepan que se encontraban en buen estado. Es ahí cuando se enteraron que estaban atrapados entre dos pisos. La operación de rescate iba a durar un par de horas. Estaban haciendo todo lo posible, pero se les pedía paciencia. Además que estaban pasando en vivo este acontecimiento por la televisión, ya que la prensa se había enterado que ella estaba atrapada. Cuando Carolina, colgó el celular, se vino abajo, se derrumbo y se puso a llorar como una niña indefensa. Gabriel, la abrazo, pero paradójicamente, dejó que siga llorando, que sacara toda la presión que en ella habitaba. Así él calmaba a su pequeña hija.

Aquella niña que hoy le hacia falta. Pensaba en qué sería de ella sí es que le llegara a pasa algo. Se le vino todo de golpe. Había olvidado por unos minutos por qué se encontraba en ese edificio. Recordaba los momentos maravillosos y no tan felices, que había pasado años atrás. Era su centro de labores. Derramó unas cuantas lágrimas al pensar que ya no iba asistir a su trabajo. Se encontraba en la peor situación de un Publicista. No tenía ideas geniales. Antes todo fluía con total normalidad. Era el mejor de todos, el más listo. El mismo gerente que lo felicitaba por sus inventivas, hoy le acaba de dar entre sus manos su carta de despido.
Carolina sintió que lloraba, le preguntó si se sentía mal. Él mintió al decirle que estaba bien, como lo hacía con su hija, cuando lo sorprendía llorando al sentirse completamente impotente, pues las ideas no se le venían a la cabeza. Ella, había visto muchas veces ese gesto en su papá. Se contemplaron mejor, bajaron la mirada. Es ahí cuando Gabriel, se sorprendió al escuchar el relato de Carolina. Contó que era senadora del Congreso. La más joven e idealista entre todos sus colegas. Decidió postular por que provenía de una familia muy vinculada a la política. Su padre había sido senador. Todos esperaban que, como hija única, siguiera los pasos de su papá. Le gustaba la idea. Siempre tenía la obligación de ser la primera en su clase. Ella asistía los fines de semana al partido, con su papá, para empaparse y comprender su ideología. Nunca faltaba a las campañas para ayudar a los más necesitados. Su familia se alegró mucho al enterarse que había sido elegida Congresista. Lamentablemente, esa alegría fue efímera. Pues su padre, el mismo que le dijo que iba a estar a su lado, apoyándole en todo momento y enseñándole el camino para que sea mejor que él legislando, falleció. Su pequeño mundo se le vino abajo. Se sentía sola, a pesar que tenía mucha gente a su alrededor. Pero ella no conocía nada de legislaturas, se sentía mejor en la calle, ayudando personas. Se dio cuenta que los que se le acercaban para enseñarle las cosas de una congresista, solo lo hacían por interés de acostarse con ella. Y ahora, el partido no tuvo mejor idea que organizar una conferencia de prensa, para que ella exponga sus proyectos de ley. Ella se sentía obligada, pues no eran sus pensamientos, no lo había hecho, se lo imponían. No sabía qué hacer, por eso se demoró en ir a la reunión.

Gabriel, escuchó sorprendido su relato. Él como una forma de agradecimiento a la confianza vertida en él. Le dijo, que él tampoco pasaba por una buena época. La relación con su esposa cada vez empeoraba más, si seguían unidos era por su pequeña hija. Justo ahora, acababa de recibir su carta de despido de la empresa de publicidad, en donde laboró varios años. Le acusaban de no tener más ideas y ahora lo habían dejado afuera. Ya no iba a fiestas, ni siquiera se encontraba con amigos, su aspecto había cambiado mucho desde ese entonces. Incluso se estaba refugiando en el alcohol. Se sentía mal por todo. Pensaba muchas veces en suicidarse, pero no era tan valiente para quitarse la vida. Su luz era su pequeña hija. Por ella daba todo.
Gabriel tuvo que interrumpir su relato, pues los bomberos ya habían abierto la puerta del ascensor. Y se veía el tumulto de personas que pugnaban por tener la mejor imagen del rescate. Carolina fue acosada por los hombres de prensa, que no la dejaban mirar qué pasaba con el hombre que se había encontrado en el elevador. Le hacían preguntas de todo tipo. Gabriel, no pudo resistir más. A empujones logro acercarse a Carolina, la abrazo, la cubrió con su saco. Se armó de valor y les dijo a todos. Que la dejarán en paz, pues en estos momentos no iba a declarar. Por tal motivo la conferencia se había suspendido y que de todos modos sus proyectos de ley iban ser presentados, para el conocimiento de la sociedad. Es ahí, cuando se la llevo. Un periodista, alcanzó a preguntarle a Carolina, antes que subieran al auto, junto con Gabriel, quién era aquél tipo que la acompañaba y se atrevía hablarle así a la prensa. Ella, con una pequeña sonrisa le respondió: “Es mi nuevo asesor”.

Anuncios