Obama: “El cambio llega a Washington”

El candidato demócrata, recibe el apoyo de más de 75.000 mil simpatizantes al cambio que propone.
El candidato demócrata, recibe el apoyo de más de 75.000 mil simpatizantes al cambio que propone.

El candidato para la presidencia de los Estados Unidos, Barack Obama, culminó con su discurso en la Convención Demócrata de Denver, ante más de 75.000 seguidores en el estadio de los Broncos. Aceptando la nominación de su partido, para la contienda electoral de noviembre, “con profunda gratitud y gran humildad”. Un día después de recibir formalmente el apoyo de los delgados demócratas. El senador por Illinois terminó su presentación en el 45º aniversario del discurso sobre igualdad de Martin Luther King, con una frase “Tengo un sueño”.

Ante controles de máxima seguridad, el público que se congregó en las instalaciones del Invesco Field, tuvo que esperar más de ocho horas antes del mitin, pero eso no afectó sus ánimos, pues querían escuchar al candidato que propone “la urgencia del momento” y “la unidad para el cambio”, y no los llegó a decepcionar. A diferencia del tono poético que caracterizaban sus alocuciones, esta vez habló en términos más populares. Además, agradeció a los Clinton por su apoyo después de las primarias que los hizo enfrentarse en una dura contienda.

En su discurso Obama dijo estar ante un momento decisivo en la historia, “Un momento en que nuestra nación está en guerra, nuestra economía se tambalea y la promesa americana está bajo amenaza una vez más. ¡América, podemos hacerlo mejor de lo que hemos demostrado!”. Se enfocó mucho en el tema económico, criticando la política del presidente George W. Bush, comparándolo con Bill Clinton, cuando recordó los 23 millones de puestos de trabajo creados bajo la dirección del presidente demócrata. De esto no se pudo salvar su contrincante John McCain, arremetiendo en un discurso centrado en la economía y la seguridad,  “Somos el partido de Roosevelt, el partido de Kennedy. Que nadie diga que los demócratas no sabemos defender este país”, indicó con firmeza.

También hizo sus propuestas, como acabar en 10 años la dependencia del petróleo de Oriente, recortará los impuestos al 95% de todas las familias trabajadoras e invertirá 150.000 millones de dólares en energías renovables. Se comprometió a poner fin de modo responsable a la guerra con Irak, a finalizar la lucha contra Al Qaeda y los talibanes de Afganistán, construir nuevas alianzas para hacer frente a las amenazas del siglo XXI: “Terrorismo y proliferación nuclear, pobreza y genocidio, cambio climático y enfermedades infecciosas”, mencionó.

El candidato demócrata proclamó ante los espectadores que se dieron cita en el Coliseo de Los Ángeles la entrada en “una nueva frontera”. “El cambio no viene de Washington; el cambio llega a Washington”, aseguró. Esta plataforma ha recibido burlas de parte de los republicanos, bautizándola como el “Templo de Obama” o “Barackópolis”, tildándolo de un ser Todopoderoso que “desciende de los cielos y pasara un rato con nosotros, los mortales, para aceptar la nominación demócrata”, bromeó Danny Díaz, portavoz del Comité Nacional Republicano, al ver un escenario excesivo y con columnas griegas.

Por otro lado, en la tienda republicana, el candidato John McCain anunció a Sarah Palin, gobernadora de Alaska, como su candidata a la vicepresidencia de EEUU. Según los analistas esta nominación es para captar aquellas seguidoras feministas decepcionadas con la derrota de Hilary Clinton, muchas de las cuales no quieren votar por el candidato demócrata, Barack Obama.

Palin, es madre de cinco hijos y gobernadora hace solo dos años de un Estado alejado del resto del país, por eso fue una sorpresa para todos el anunció de McCain. Si bien Palin, a sus 44 años, aportará frescura a la candidatura republicana, su falta de experiencia en el ambiente político será un gran obstáculo a vencer y convencer al electorado. Ya que la estrategia de McCain en contra de Obama ha sido criticarlo por su falta de experiencia, sobre todo en asuntos y relaciones internacionales. Además, teniendo en cuenta la edad avanzada y sus batallas contra el cáncer del candidato republicano, no es un escenario descartable, en caso de ser el ganador de las elecciones de noviembre, que se deba retirar de la presidencia, entonces, como establece la Constitución de EEUU, la que debería asumir el mandato sería Palin.   

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La Oroya, es la más contaminada de América

La Oroya es la quinta ciudad más contaminada del mundo según el instituto Blacksmith. En la lista de los 10 pueblos más contaminados también figura Chernobyl, lugar donde ocurrió el accidente nuclear más grave de la historia.
La Oroya es la quinta ciudad más contaminada del mundo según el instituto Blacksmith. En la lista de los 10 pueblos más contaminados también figura Chernobyl, lugar donde ocurrió el accidente nuclear más grave de la historia.

La Oroya, ciudad ubicada 175 kilómetros al este de la capital peruana, Lima, se ha convertido en la más contaminada de América, debido a la gran cantidad de micropartículas de plomo, sulfuro, arsénico, cadmio o el dióxido de azufre que llega a superar los 27.000 microgramos por metro cúbico, cuando se considera que a partir de los 2.500 se entra en un estado de “emergencia”, según informes de la medición que realizó la organización estatal Digesa.

Localizada en un valle de los andes y bajo un intenso frío, la Oroya es la sede de la principal fundición industrial del Perú y se ha ganado un sitio importante en la lista de los diez lugares más contaminados del globo terráqueo. Con más de 33.000 habitantes y a 3.750 metros de altitud, esta ciudad andina, a simple vista se nota ordenada, sus calles están limpias, no hay basura en las calles, ni se respira aire fétido.

La contaminación aquí es imperceptible e inapreciable, pues se encuentra en la atmósfera, donde se desplazan micropartículas de plomo, sulfuro, arsénico, cadmio, sumados a más de diez componentes altamente tóxicos para la salud. Estos componentes, se filtran en el ambiente, a través de la chimenea que escupe un humo incansablemente que viene desde la fundición. “Por las mañanas, especialmente en invierno, el aire se espesa, a veces hay una neblina, e inmediatamente sentimos picor en la garganta y en los ojos”, relata Maribel Chávez, activista de Cooperación. Hasta los recién nacidos vienen al mundo con preocupantes niveles de plomo en la sangre, según señaló un estudio realizado por pediatras de un centro público de salud.

El estado peruano está alcanzando grandes ingresos por medio de sus riquezas mineras, pero a un alto precio, que es La Oroya, al ser considera como una de las ciudades más contaminadas de América. La empresa norteamericana Doe Run, que funciona en dicha ciudad, para muchos la principal responsable de la catástrofe ambiental del lugar, asegura estar conciente de la gravedad del problema, pero recuerda que la que llaman “contaminación histórica” es anterior a su llegada a la ciudad en el 2003 y menciona los esfuerzos que realizan en pro de la mejora ambiental en la zona, asegurando que pronto se concretarán en tres plantas de tratamiento del ácido sulfúrico. La empresa produce cobre, zinc y plomo, siendo la principal proveedora de empleos en esta ciudad que vive, directa o indirectamente, de los ingresos de la fundición.

Por ello, los defensores que luchan por el medio ambiente, critican a la minera, “La compañía, es decir, la única del valle, por la falta de transparencia o por la desinformación que ofrece a los pobladores, nos han mentido toda la vida”, menciona Yolanda Zurita, de la parroquia católica de La Oroya. Reclama que la empresa difunde entre sus trabajadores el pensamiento de que conversar sobre la contaminación de su aire, equivale a hacer el juego a quienes quieren cerrar la mina, poniendo a la población en contra del trabajo de los ecologistas, siendo mal visto entre los trabajadores y sus familias. 

Incluso, los activistas ven mermados sus esfuerzos de hacer entender a los lugareños sobre el peligro que corren al sufrir la contaminación, sus argumentos ecológicos al parecer no le importa a la población. Ellos solo quieren ser beneficiados por la empresa de diversas formas. “Cuando Doe Run abrió una pequeña guardería para acoger a los niños más afectados, muchas madres se acercaron al centro de salud para informarse de cómo hacer para que la sangre de sus hijos presentara más toxinas y hacerlos beneficiarios del desayuno y almuerzo gratuitos de la guardería”, explicó un pediatra del centro de salud.  

La empresa no solo trabaja con minerales peruanos, recibe un 10% de material de otros países, aumentando la producción de plomo, aunque disminuyó en el zinc y cobre. Esto hace que en los contornos de la ciudad de La Oroya, se note montañas andinas abiertas en sus vientres que siguen abasteciendo los minerales que luego bajan a la fundición. Alentada por el “boom” de la minería y que en los últimos años, los ingresos de las exportaciones del estado peruano ha aumentado en tono al 60 por cien, no parece que el ritmo de la explotación minera vaya a reducir, ni tampoco el grado de contaminación ambiental en la zona, haciendo de esta, una tarea titánica para los defensores del medio ambiente. 

Rusia reconoce independencia de regiones rebeldes de Georgia y no teme a una nueva “guerra fria”

Dimitri Medvedev desafiante con Occidente, no teme a una nueva "guerra fria"
Dimitri Medvedev desafiante con Occidente, no teme a una nueva

 

El presidente ruso, Dimitri Medvedev, anunció la decisión de admitir a las regiones separatistas de Georgia, Osetia del Sur y Abjasia, como independientes. En un mensaje trasmitido por televisión, el jefe del Kremlin,  mencionó  que tras una reunión con el Consejo de Seguridad ruso, ministros y jefes militares, en donde hablaron sobre la crisis en Georgia, decidieron reconocer formalmente a las regiones separatistas como Estados Independientes, siguiendo la petición unánime del senado ruso, en un claro desafío para Occidente.

Medvedev instó a otros países a seguir su ejemplo y dijo en tono amenazante que “Rusia no tiene nada que temer, incluida una nueva “guerra fría” con Occidente”. El líder ruso, explicó que dicha medida se basa en los postulados de Carta de la ONU, la declaración de 1970 sobre los principios del derecho internacional sobre las relaciones amistosas entre los Estados y otros documentos internacionales. “La decisión no fue fácil, pero era la única posible para preservar la vida de la gente, teniendo en cuenta la libre expresión de la voluntad de los Oseta y Abjasio”, señaló Medvedev.

Desde un podio flanqueado por dos banderas rusas, Medvedev sostuvo que Rusia a había demostrado moderación y paciencia, en sus relaciones con Georgia, para solucionar el conflicto, pero que el gobierno georgiano nunca respondió a sus pedidos. “Desafortunadamente, fueron ignorados también por la OTAN y la ONU”, agregó. Además, acusó al presidente georgiano, Mijail Saakashvili, de genocida, por atacar a Osetia del Sur y que llevó al ejercito ruso a intervenir en el conflicto, “El 8 de agosto en Tiflis hicieron su opción, Saakashvili, eligió el genocidio para cumplir sus tareas políticas”, sentenció.

Entre tanto, los líderes rebeldes de Osetia del Sur y Abjasia, festejaron las declaraciones del presidente ruso, elogiándolo y manifestando su orgullo por esta decisión, mencionaron que este era un gran paso “histórico” de Rusia de reconocer su independencia. Además, el líder osetio Eduard Kokoity, dijo que estarían dispuestos a acoger una base militar rusa en su territorio.   

Las reacciones de condena ante la iniciativa rusa no se hicieron esperar. La secretaria de Estado de EEUU, Condoleezza Rice,  consideró “lamentable la aparente intención de Rusia”. Este reconocimiento de independencia es “deplorable” pues trata de reconocer a “dos regiones que han estado en conflicto y se encuentran claramente dentro de las fronteras internacionalmente reconocidas de Georgia por múltiples resoluciones del Consejo de Seguridad (de la ONU) del que es parte”, agregó.

El secretario del Consejo Nacional de Seguridad georgiano, Alexander Lomaia, declaró que el reconocimiento de los dos territorios separatistas “no tiene valor legal alguno” y acarreará “graves consecuencias políticas” a Rusia. Entre tanto, otros países de Occidente se pronunciaron, Gran Bretaña “rechazó tajantemente” la iniciativa rusa, Francia la consideró “lamentable”, Alemania mencionó que ésta “contradice el principio de integridad territorial y por esa razón es inaceptable” e Italia manifestó que carece de “marco jurídico internacional”.

Este anuncio llega después de que EEUU advirtiera que conocer la secesión sería “inaceptable” y reiterara que Rusia debía respetar el territorio de Georgia. Incluso, al ver que las fuerzas rusas se retiraban de la zona del conflicto, en la Casa Blanca, se están replanteando el acuerdo de cooperación nuclear con Rusia, que ya está en el Congreso norteamericano para su aprobación.

Entre tanto, ahora un alto general ruso a cuestionado el “nivel externo” de las actividades navales que realiza la OTAN en el mar Negro, dudando que sus fines solo sean entregar ayuda a Georgia o realizar ejercicios navales de rutina, añadiendo así una llamada de alerta a las fuerzas rusas ante un posible ataque.

Estas tensiones en el Cáucaso se encuentran desde el 8 de agosto, desde que las fuerzas rusas decidieron entrar a territorio georgiano, frustrando así el intento de Georgia para retomar Osetia del Sur. Después de varios acuerdos, ambas partes decidieron un poner fin al conflicto, pero Estados Unidos y otras potencias occidentales han acusado a Rusia de romper el acuerdo de mantener tanques y su ejército en Georgia.   

Osetia del Sur y Abjasia se separaron de Georgia a comienzos de los años 90 con el apoyo de Moscú, tras largas guerras separatistas seguidas a la ruptura de la Unión Soviética, de la que Georgia formaba parte.

Niña iraquí no quiso inmolarse y prefirió vivir y no matar más personas.

Una adolescente de tan solo 13 años de edad se entregó ante la policía iraquí antes de detonar un chaleco de explosivos que llevaba sobre su cuerpo que iba a provocar otro atentado suicida, evitando así, una tragedia mayor. Este hecho sucedió en Baquda, capital de Diyala, al norte de Bagdad.

La joven hasta estos momentos permanece arrestada y está bajo custodia de las fuerzas de seguridad, pues se quiere investigar si el chaleco se lo había puesto voluntariamente o fue obligada, así lo confirmó el comandante estadounidense David Russell, quién también explicó que la menor se entregó a la policía diciendo que “tenía puesto el chaleco y que no quería usarlo”.

 

Por otro lado, el portavoz norteamericano Jon Pendell dijo que “la rendición de la niña es interpretado como una muestra de que las mujeres iraquíes entienden su importancia en la sociedad y el valor de la vida, y que ello indica que se rechaza a Al Qaeda y sus prácticas”, según reportes de la agencia iraquí independiente.

Por otro lado, el portavoz norteamericano Jon Pendell dijo que “la rendición de la niña es interpretado como una muestra de que las mujeres iraquíes entienden su importancia en la sociedad y el valor de la vida, y que ello indica que se rechaza a Al Qaeda y sus prácticas”, según reportes de la agencia iraquí independiente.

 

El número de mujeres y niñas que comenten atentados suicidas en Iraq, especialmente en Diyala, ha aumentado considerablemente, ya que los extremistas las reclutan y prefieren, pues pueden burlar los habituales registros policiales, según informa la televisión iraquí Al Iraqiya.

Estas mismas características de atentado ahora se han vuelto muy común, en la provincia de Diyala, la más conflictiva del país, donde los insurgentes sunnitas y militares de Al Qaeda tienen sus bases. Hace solo dos semanas, tres mujeres suicidas hicieron explotar los explosivos que llevaban adheridos a sus cuerpos, durante una peregrinación chiíta en Bagdad, ocacionando la muerte de decenas de personas.

Ante estas eventualidades, el ejército norteamericano ha creado hace unas semanas una Unidad Antiterrorista Femenina, conocida también como “Hijas de Iraq”. Los miembros de esta unidad están especializados en identificar a terroristas mujeres y es formado mayoritariamente por voluntarias, que tienen el respaldo del Gobierno iraquí y del ejército americano.

PISCO 7.9

 

Lazo Negro
Lazo Negro

 

 

Es otro día más. El amanecer es hermoso, pero el frío se hace sentir hasta en los huesos. La pequeña carpa que me sirve de morada se está rompiendo de a pocos. A pesar que me ha servido por un buen tiempo, los continuos cambios de clima han hecho deteriorar el material. Aún no me quiero levantar de mi cama, hecha de paja y cubierta de colchas, aquellas típicas frazadas con dibujos de tigre. No puedo conciliar el sueño. Desde que empezó todo, no encuentro esa paz que da el descansar bien. No solo porque perdí a la mayoría de mis seres queridos en aquel terremoto que azotó Pisco y parte del territorio peruano, destrozando todas las ciudades principales, dejándolas en escombros, y con más de 500 personas muertas y miles de damnificados.

El lugar parece como si fuera un campo de guerra, que ha sido bombardeado por los enemigos.
Todas las noches sueño con lo mismo. Ese día en casa, habían llegado mis padres que se disponían ir a misa. Mis hijos los querían mucho, pues ellos los engreían. Con mi esposa, aprovechamos en tomarnos con ellos una botella de Pisco, la bebita que siempre me gustó tomar. Brindaba con mis familiares y empezamos a charlar sobre algunos proyectos que teníamos pensado, íbamos a poner una tienda en la casa, para que ayude con la situación económica de la familia. Se fueron a misa. Me quedé con mi señora, veíamos televisión y mis hijos jugaban pelota con sus amigos de barrio.

Al caer la noche, se escuchó un ruido intenso, salté de la cama, nos alarmamos, sentíamos los primeros movimientos de tierra. Mis hijos entraron a la casa desesperados, les decía que se calmen, que no iba a durar mucho. Siempre pasaba lo mismo, los temblores en la región era un tema que todos sabíamos manejar, por eso estábamos acostumbrados, algunos eran solo ruido y los otros se sentían pero, no duraban mucho. Pensé que esta vez iba hacer igual, pasaban los segundos y no dejaba de temblar la superficie. Salimos con mi familia a la calle, me di cuenta que todas las personas estaban fuera de sus casas. Algunas ni siquiera lo pensaron dos veces, se iban corriendo hacia la plaza que quedaba a dos cuadras, dejando todas las pertenencias que tenían en sus casas.

Los niños lloraban aterrorizados. Sus llantos ni si quiera se escuchaban, eran opacados por el escalofriante ruido que producía y acompañaba al sismo. Los ladrillos empezaron a caer, el movimiento no cesaba, todo era un caos. Las casas de adobe no tardaron en desplomarse. Cuando la gente notó que las lunas se rompían, el suelo se abría, solo atinaban a correr a campo abierto. Las personas trataban de escapar, pero se encontraban con paredes que se derrumbaban a su costado, que les cerraba el paso. Incluso el tumulto que formaban, hacía que ellos mismos se estorbaban, los más débiles caían y eran aplastados por la turba que ni se daba cuenta que los pisoteaban, pues en ese momento solo atinaban a salvar sus propias vidas, no importando cuál era el costo.
El suelo se sacudía cada segundo con mayor intensidad, era dificultoso correr y hasta quedarse en pie. Agarré con todas mis fuerzas a mis dos hijos. Solo me importaba llegar a la plaza y seguir a toda la turba que buscaba escapatoria. La sensación era terrible, era como si durara horas el movimiento, no paraba y se hacia una eternidad. Mientras tanto, la humareda que levantaba todo lo que se caía, nublaba la visibilidad. Las casas de material noble se venían abajo como piezas de domino, una a una se derrumbaban, trayendo consigo todo lo que se encontraba a su alrededor, los postes de energía eléctrica, los ladrillos, que se convertían en proyectiles fatales. A mi paso, solo veía muchos obstáculos, incluso había personas sepultadas por paredes enteras. Cabezas, brazos, piernas, se confundían con todo lo que se desmoronaba de las casas, creando así muchos montículos. Por ahí tenía que pasar para salvar la vida de mis hijos, que no dejaban de llorar y gritar al ver ese espectáculo tan horrendo. En esos momentos sentí que algo me cayó en mi brazo, no me importó el dolor. Ahí recién sentí lo que el ser humano es capaz de hacer siguiendo su instinto de sobrevivencia, además si decaía, mis hijos perdían las esperanzas de salvarse.
Cuando logré escapar de las calles estrechas del barrio, que se convirtieron en una trampa para muchos que no lograron salir, recién pude respirar. Ya había parado el terremoto. Las personas estaban muy asustadas en la plaza, algunos entraban en pánico. Miré a mis dos hijos, dejaron de llorar, a pesar que estaban cubiertos de polvo, creo que los impactó ver tanta gente reunida en aquella plaza, donde tantas tardes jugaron con sus amigos. Felizmente, no les había caído nada, salieron ilesos. Cuando miré hacia atrás. No estaba ella. El más pequeño de mis hijos, también se había dado cuenta de que faltaba su mamá y me preguntó por ella. Le dije que estaba detrás de nosotros, que no sabía por qué tardaba tanto. Se puso a llorar. Por primera vez no tenía palabras para consolarlo en esos momentos. Su hermano mayor, lo abrazó, le dijo, “No te preocupes, papá irá a buscarla, él la encontrará, cálmate”. Cuando ambos me miraron, me di cuenta que debía volver. Busqué entre la multitud a una persona conocida, encontré a mi vecina, ella también buscaba a sus seres queridos. Los dejé con ella y le pedí que no se movieran de aquel lugar.

Corrí lo más rápido que pude. Con mucho miedo, regresé por el mismo sitio, del cual había salido con mucha suerte. Las personas que salían trataban de detenerme, sabían que todo estaba derrumbado y que nadie podía haber sobrevivido, pero me escapaba de sus intentos. Algunos me decían que estaba demente, que por hacerme el valiente iba a encontrar la muerte. No me interesó nada. Con mucha dificultad saltaba los escombros, gritando el nombre de mi esposa. Cada vez que avanzaba, descansaba para respirar profundo y agarrar ánimos para seguir hasta el lugar donde se suponía que estaba mi casa. La llamaba. Me contestaban personas que me pedía auxilio. No podía respirar bien, las fuerzas se me iban, pero seguía porque no reconocía la voz de mi señora. Llegando a lo que fue mi casa, de la cual solo seguía en pie un pequeño cuarto, el de los niños, traté de gritar su nombre, pero ya ni voz me quedaba en ese instante, pero al parecer ella sí me escuchó y me respondió algo fatigada, casi inconciente. Estaba entre los escombros, encima tenía un grueso tronco de madera, que coloqué artesanalmente para hacer más resistente mi techo. Cómo pudo haber resistido a tal impacto, pensaba, hasta ahora me sorprendo, pero siempre supe que ella era una mujer fuerte. Me dijo que no trate de rescatarla, que vaya con los niños, pues eran lo que más le importaba. Me rehusé a dejarla ahí sola y pedí con desesperación que alguien me ayude. Le dije que no desperdicie aliento, que de esto se iba a salvar. Me hizo prometerle que pase lo que pase, cuide como un tesoro a nuestros hijos, como si ella misma los cuidara, que los apoyara en todo y que vele por su bienestar, pues nos iba a cuidar desde el cielo. No supe que decirle en eso momentos. Solo atiné a buscar la forma cómo sacarla de ahí.

Cuando de pronto, sentí otro ruido, empezó otra vez a temblar la tierra, con la misma intensidad, me caí al suelo, miré hacia donde estaba mi esposa, nunca olvidaré esa escena. A parte de caer los otros troncos de madera del techo, cayó sobre ella la pared de ladrillos que la había salvado hace pocos minutos. Al derrumbarse lo que quedaba de mi casa, vino hacia mí, todo el polvo que había levantado la pared y el techo al caer, empañando mi visión, ahogándome en un grito de desesperación que produje. 

 

La botella de Pisco 7.9, que se pretendió dar a los extranjeros que vinieron a ayudar, creo mucha polémica su creación.
La botella de Pisco 7.9, que se pretendió dar a los extranjeros que vinieron a ayudar, creo mucha polémica su creación.

Pensé en quedarme ahí y esperar la muerte, la tierra no dejaba de temblar, parecía una réplica de la anterior, escuchaba hasta los gritos de las personas que estaban en la plaza. No podía creer que había perdido a mi esposa, a pesar que grité su nombre, ya no volví a recibir nunca más una respuesta de ella. Creo que esos gritos desesperados, sirvieron para que vengan a salvarme, porque se dieron cuenta de mi presencia en el lugar. Como notaron que podía caminar, me agarrón con fuerza y me sacaron. Llegando a la plaza, con todos los malestares en mi cuerpo y sin ganas de nada, llorando como nunca lo había hecho en mi vida. Se produjo el tercer movimiento.

La gente se arrodillaba, empezaba a orar, pedían perdón y suplicaban que parase todo este castigo que estaban afrontando. Otros lloraban al no encontrar a sus familiares. Los niños gritaban y sollozaban a más no poder. Recién al ver la cara de desesperación de los pequeños, me acordé de las palabras de mi mujer y corrí en la búsqueda de mis nenes. Para mi suerte, no se habían desplazado del lugar, a pesar que la vecina con las que los dejé, había desaparecido, me dijeron que le agarró el pánico y prefirió dejarlos sin mediar palabra alguna. Ellos solo atinaron a abrazarse y rogar para que los encontrara. Al parecer ambos eran concientes de mi estado calamitoso que llevaba encima, me vieron las huellas que dejaron mis lágrimas. Creo que por eso, no volvieron a preguntar por su mamá. Solo en el entierro, preguntaron si ella los había recordado, les dije “Sí, ella estará siempre con nootros. cuidándonos”. Ambos me demostraron el temple y la personalidad que llevan consigo, ante tal delicada situación, me sentí muy orgulloso de ellos, pues fueron mi fortaleza en esos momentos.
Pasamos la noche aguantando las demás replicas que se dieron ese día y que continuaron por casi todo un mes. Nadie sabía lo que pasaba, se recuperaban, tomaban fuerzas para rescatar personas, pero venía otro movimiento telúrico atemorizándolos, hasta dejar lo que estaban haciendo, porque sus vidas también corrían riesgo. Incluso ya habían perdido las esperanzas de volver a ver a sus familiares que no lograron escapar de las casas totalmente destruidas. Lo mismo pensé cuando noté que la iglesia estaba derrumbada, solo quedaron en pie las dos torres que tenía a cada lado. Supe en esos momentos, que tampoco vería con vida a mis padres y que solo me quedaba con mis dos pequeños y adorados hijos.
Los días siguientes a la tragedia, fueron muy duros para toda la población. La tarea principal era la de recuperar los cuerpos inertes de los escombros. Se pedía mucha ayuda, nos sentíamos solos en esa labor, las maquinarias pesadas que el gobierno prometió, llegaron a la semana cuando las esperanzas se habían esfumado. La ayuda internacional fue la que reaccionó mejor. Todos se dieron cuenta que el Perú no estaba preparado para afrontar ésta catástrofe y quedaron en ridículo muchas autoridades pues no supieron cómo solucionar las cosas. Era un caos, la gente no tenía los principales productos para su supervivencia. Todo escaseaba, las tiendas al ver que había mucha demanda, vendían los productos al doble costo. Lo mismo sucedía con el agua. Lamentable era ver, cómo las mismas personas se aprovechaban de la necesidad de la gente. No tenía otra opción que comprar cosas sobrevaluadas para poder darles de comer a mis hijos. Lo peor fue, que empezaron a venir personas de otras provincias, que aprovechaban la oscuridad de la noche, ya que ni teníamos electricidad, a robar y saquear las casas que seguían en pie. Como toda la población se encontraba viviendo en carpas que se levantaron en las plazas, formando así, pequeñas aldeas y ni tiempo tenían para revisar que pertenencias habían resistido al sismo. Estos cobardes no les importaba nada, reunidos en grupos de más de 20 personas, arrasaban con todo lo que veían que tenía valor. La policía no podía contener a los asaltantes, su comisaria estaba hecha escombros y eran también damnificados. Con los vecinos tuvimos que organizarnos y hacer rondas para proteger nuestro barrio de saqueos. Por este motivo y con temor, varias de las personas volvieron a sus derrumbadas viviendas a tratar de arreglarlas un poco y poder vivir, pero al irse de la plaza, no llegaban a tiempo a las reparticiones de víveres que hacían las diferentes organizaciones. La viveza hacia que hasta se hiciera doble cola para acaparar productos y poder venderlos. Hubo mucha desorganización, caos y descontrol. La ayuda llegaba pero no era suficiente.


Ahora, me doy ánimos para ir como todos los días al cementerio que, desde ese día aumentó su población, dejando copados casi todos los nichos que estaban disponibles, para arreglar la tumba dónde se encuentra mi mujer y donde se encuentran mis padres. Siempre recuerdo con cariño las vivencias que pasamos juntos, incluso con mis propias manos, he construido una pequeña capilla con sus respectivas fotos y en donde he puesto diversas imágenes de santos católicos, para que siempre los acompañen en sus eternos descansos.

Lo que me extraña y me causa indignación, es que otra vez, cuando se acerca la fecha en que se conmemora la tragedía que afectó a todo el Perú, vienen los políticos de siempre, a tomarse sus fotos respectivas para publicitarse y decir que están ayudando, para luego irse a sus escaños de oro que tienen en el gobierno. Nos prometieron de todo, hasta un bono para construir nuestras viviendas, eso me alegró mucho, hice todos los trámites hasta me entregaron una tarjeta Visa, para cobrar el dicho dinero, cuando llegué al banco con todas las ilusiones a cuestas, pues un día anterior había planeado cómo reconstruir mi casa. Me dicen que no tenía fondos mi cuenta. Reclamé, pero fue en vano, lo mismo le pasaba a la mayoría de personas. Los que llegaban a cobrar algo, les imponían como condición comprar en una sola ferretería, de la cuál, subía al triple los precios de sus productos, con ello, no se podía arreglar nada, la plata era insuficiente. Se creo un ente para planificar las cosas y dirigir los fondos que tenía el Estado para gastar, FORSUR desde el comienzo, no llegó a funcionar nada, el peor error era tener una oficina en Lima, ni siquiera sabían qué necesitábamos. Los periodistas colaboraron en informar y fiscalizar todo lo que pasaba, pues venía ropa que la gente donaban, casacas, carpas, etc. Pero cuando esa ayuda se repartía, encontrábamos ropa mal oliente, rota, con hongos, zapatos con huecos en la suela, en otras palabras, inservible e inutilizable. La prensa descubrió que los encargados de los municipios que repartían la ropa, se la llevaban a sus propias casas, para después venderlas al mejor postor, todo era un desastre. Incluso los ómnibus que tenían como destino nuestra ciudad, subieron el precio de sus pasajes, según ellos, porque había mucha demanda. Todos los que tenían familiares aquí, querían saber si aún estaban vivos. Esto causo mucho malestar en la población.
Cuando ya no era de interés nacional lo que nos había pasado, la prensa dejó de venir a apoyarnos, abandonaron la ciudad y esto se quedó desprotegido para que los corruptos hicieran su agosto, con las personas que más necesitaban. Es penoso notar, que los que más ayudaron fueron las personas de otros países, ellos sí se pusieron la mano al hombro y apoyaron mucho en la reconstrucción de las viviendas, pero, claro, no podían quedarse siempre por aquí.

Tanto era la desesperación de la gente por tener algo que llevarse a la boca y sobrevivir un día más, que los más pequeños se vieron en la necesidad de ir a pedir limosna a los pasajeros de los buses que venían repletos de gente o que pasaban por las carreteras a otros lugares del sur. Se ingeniaron en acoplar a un palo de escoba un pequeño bolso, para así poder llegar a las altas ventanas de los ómnibus para recaudar plata. Claro, no tardó en hacerse una mafia que tomó la carretera para seguir dando lástima. A pesar de ello, las personas colaboraban. Mis hijos también tuvieron que estar en las carreteras, siempre traían algo de plata y hubo días en que ganaban más de lo que ganaba en mi trabajo de albañil. Eso no les gustó a los familiares de mi difunta esposa, presionándome a dejarlos ir a residir con ellos a Lima, ya que allá tendrían un mejor futuro y podían olvidar todo lo que vivieron.
Me costó alejarme de ellos tan repentinamente, me despojaron de los únicos dos seres que me alumbraban la mañana y que me daban las fuerzas necesarias para no dejarme caer. Aunque han venido a visitarme un par de veces, no ha cambiado en nada sus sentimientos hacia mi persona. No me miran con resentimiento, son unos chicos estupendos y sé que les ha hecho bien ir a Lima, para tratar de estar bien. Cuando me dicen que me extraño mucho, se me rompe el corazón, se me hace difícil respirar normal, pero aguanto las lágrimas, para que no se den cuenta que cada día los añoro más. Me ruegan siempre que vaya con ellos a Lima, les digo que no puedo, porque mi destino es quedarme aquí, defendiendo el terreno y la casa que levantaron mis padres y que ahora me toca a mí levantarla. Me miran con orgullo, es ahí cuando aprovecho en decirles, que en diciembre, cuando vengan para navidad, ya habré edificado al menos un cuarto, para que ellos se queden a jugar pelota con sus amigos.

Con esa ilusión encima, vuelven a Lima contentos, pero con la esperanza de que algún día, su viejo padre pueda hacer su casa y vivir por fin con él, como antes lo hacían felices. Esos pequeños hacen cosas imposibles en mí, pues cuando ellos están, dejo mi botella diaria de Pisco y me olvido que me he convertido en su inseparable amigo.

 

 

 

Terremoto en Ica

PISCO 7.9

Es otro día más. El amanecer es hermoso, pero el frío se hace sentir hasta en los huesos. La pequeña carpa que me sirve de morada, ya se está rompiendo de a pocos. A pesar que me ha servido por un buen tiempo, los continuos cambios de clima han hecho deteriorar el material. Aún no me quiero levantar de mi cama, hecha de paja y cubierta de colchas y las típicas frazadas con dibujos de tigre, no puedo conciliar el sueño. Desde que empezó todo, no encuentro esa paz que da el descansar bien. No solo porque perdí a la mayoría de mis seres queridos en aquel terremoto que azotó Pisco y parte del territorio peruano. Destrozando todas las ciudades principales, dejándolas en escombros, y con más de 500 personas muertas y miles de damnificados. El lugar parece como si fuera un campo de guerra, que ha sido bombardeado por los enemigos.
Todas las noches sueño con lo mismo. Ese día en casa, habían llegado mis padres que se disponían ir a misa. Mis hijos los querían mucho, pues ellos los engreían. Descansando con mi esposa, aprovechamos en tomarnos con ellos una botella de Pisco, la bebita que siempre me gustó tomar y para estas ocasiones especiales, brindaba con mis familiares y empezamos a charlar con ellos, sobre algunos proyectos que teníamos pensado, íbamos a poner una tienda en la casa, para que ayude con la situación económica de la familia. Ellos se fueron a misa. Me quedé con mi señora, veíamos televisión y mis hijos jugaban afuera fútbol con sus amigos de barrio. Al caer la noche, se escuchó un ruido intenso, salté de la cama, nos alarmamos, sentíamos los primeros movimientos de tierra. Mis hijos entraron a la casa desesperados, les decía que se calmen, que no iba a durar mucho. Siempre pasaba lo mismo, los temblores en la región era un tema que todos sabíamos manejar, por eso estábamos acostumbrados, algunos eran solo ruido y los otros se sentían pero, no duraban mucho. Pensé que esta vez iba hacer igual, pero pasaban los segundos y no dejaba de temblar la superficie. Salimos con mi familia a la calle, me di cuenta que todas las personas estaban afuera de sus casas. Algunas ni siquiera lo pensaron dos veces, se iban corriendo hacia la plaza que quedaba a dos cuadras, dejando todas las pertenencias que tenían en sus casas. Los niños lloraban aterrorizados. Sus llantos ni si quiera se escuchaban, eran opacados por el escalofriante ruido que producía y acompañaba al sismo. Los ladrillos empezaron a caer, el movimiento no cesaba, todo era un caos. Las casas de adobe no tardaron en desplomarse, no importando si es que había gente que estaba dentro o fuera. Cuando la gente notó que las casas se caían, las lunas se rompían, el suelo se abría, solo atinaban a correr a campo abierto. Lo peor de todo, es que las personas trataban de escapar de ese fenómeno, pero se encontraban con paredes que se derrumbaban a su costado, que les cerraba el paso. Incluso el tumulto que formaban, hacía que ellos mismos se estorbaban, los más débiles caían y eran aplastados por la turba que ni se daba cuenta que los pisoteaban, pues en ese momento solo atinaban a salvar sus propias vidas, no importando cuál era el costo.
El suelo se sacudía cada segundo con mayor intensidad, era dificultoso correr y hasta quedarse en pie. Agarré con todas mis fuerzas a mis dos hijos, no mirando hacia atrás. Solo me importaba llegar a la plaza y seguir a toda la turba que buscaba escapatoria. La sensación era terrible, era como si durara horas el movimiento, no paraba y se hacia una eternidad. Mientras tanto, la humareda que levantaba todo lo que se caía, nublaba la visibilidad, todo era una nube de polvo. Las casas de material noble se venían abajo como piezas de domino, una a una se derrumbaban, trayendo consigo todo lo que se encontraba a su alrededor, los postes de energía eléctrica y sobre todo los ladrillos que se convertían en proyectiles fatales. A mi paso, solo veía muchos obstáculos, incluso había personas sepultadas por paredes enteras. Cabezas, brazos, piernas, se confundían con todo lo que se desmoronaba de las casas, creando así muchos montículos de material noble y arena. Por ahí tenía que pasar para salvar la vida de mis hijos, que no dejaban de llorar y gritar al ver tal espectáculo tan horrendo. En esos momentos sentí que algo me cayó en mi brazo, no me importó el dolor. Ahí recién sentí lo que el ser humano es capaz de hacer siguiendo su instinto de sobrevivencia, además si decaía, mis hijos perdían las esperanzas de salvarse.
Cuando logré escapar de las calles estrechas del barrio, que se convirtieron en una trampa para muchos que no lograron salir, recién pude respirar. Ya había parado el terremoto. Las personas estaban muy asustadas en la plaza, algunos entraban en pánico. Miré a mis dos hijos, dejaron de llorar, a pesar que estaban cubiertos de polvo, creo que los impactó ver tanta gente reunida en aquella plaza, donde tantas tardes jugaron con sus amigos. Felizmente, no les había caído nada, salieron ilesos. En esos momentos, miré hacia atrás. No estaba ella. El más pequeño de mis hijos, también se había dado cuenta de que faltaba su mamá y me preguntó por ella. Le dije que estaba detrás de nosotros, que no sabía por qué tardaba tanto. Se puso a llorar. No sabía qué decirle, por primera vez no tenía palabras para consolarlo en esos momentos. Su hermano mayor, lo abrazó, le dijo, no te preocupes, papá irá a buscarla, él la encontrará, cálmate. Cuando ambos me miraron, me di cuenta que debía volver. Busqué entre la multitud a una persona conocida, encontré a mi vecina, ella también buscaba a sus seres queridos. Los dejé con ella y le pedí que no se movieran de aquel lugar. Corrí lo más rápido que pude. Con mucho miedo, regresé por el mismo sitio, del cual había salido con mucha suerte. Las personas que salían de ahí trataban de detenerme, sabían que todo estaba perdido, pero me escapaba de sus intentos, algunos me decían que estaba demente, que por hacerme el valiente iba a encontrar la muerte. No me interesó nada. Con mucha dificultad saltaba los escombros, gritando el nombre de mi esposa. Cada vez que avanzaba, descansaba para respirar profundo y agarrar ánimos para seguir hasta el lugar donde se suponía que estaba mi casa. La llamaba. Me contestaban personas que me pedía auxilio. No podía respirar bien, las fuerzas se me iban, pero seguía porque no reconocía la voz de mi señora. Llegando a la casa, de la cual solo seguía en pie un pequeño cuarto, el de los niños, traté de gritar su nombre, pero ya ni voz me quedaba en ese instante, pero al parecer ella sí me escuchó y me respondió algo fatigada, casi inconciente. Estaba entre los escombros, encima tenía un grueso tronco de madera, que coloqué artesanalmente para hacer más resistente mi techo. Cómo pudo haber resistido a tal impacto, pensaba, hasta ahora me sorprendo, pero siempre supe que ella era una mujer fuerte. Me dijo que no trate de rescatarla, que vaya con los niños, pues eran lo que más le importaba. Me rehusé a dejarla ahí sola y pedí con desesperación que alguien me ayude. Le dije que no desperdicie aliento, que de esto se iba a salvar. Me hizo prometerle que pase lo que pase, cuide como un tesoro a nuestros hijos, como si ella misma los cuidara, que nunca viviera por ellos, que los apoyara en todo y que vele por su bienestar, ella sabía que eran mi adoración, pues nos iba a cuidar desde el cielo. No supe que decirle en eso momentos. Solo atiné a buscar la forma cómo sacarla de ahí. Cuando de pronto, sentí otro ruido, empezó otra vez a temblar la tierra, con la misma intensidad, me caí al suelo, miré hacia donde estaba mi esposa, nunca olvidaré esa escena. A parte de caer los otros troncos de madera del techo, cayó sobre ella la pared de ladrillos que la había salvado hace pocos minutos. Al derrumbarse lo que quedaba de mi casa, vino hacia mí, todo el polvo que había levantado la pared y el techo al caer, empañando mi visión, ahogándome en un grito de desesperación que produje.

La botella de Pisco 7.9, que se pretendió dar a los extranjeros que vinieron a ayudar, creo mucha polémica su creación.

Pensé en quedarme ahí y esperar la muerte, la tierra no dejaba de temblar, parecía una réplica de la anterior, escuchaba hasta los gritos de las personas que estaban en la plaza. No podía creer que había perdido a mi esposa, a pesar que grité su nombre, ya no volví a recibir nunca más una respuesta de ella. Creo que esos gritos, sirvieron para que vengan a salvarme, porque se dieron cuenta de mi presencia en el lugar. Como notaron que podía caminar, me agarrón con fuerza y me sacaron. Llegando a la plaza, con todos los malestares en mi cuerpo y sin ganas de nada, llorando como nunca lo había hecho en mi vida. Se produjo el tercer movimiento en el terreno. La gente se arrodillaba, empezaba a orar, pedían perdón y suplicaban que parase todo este castigo que estaban afrontando. Otros lloraban al no encontrar a sus familiares. Los niños gritaban y sollozaban a más no poder. Recién al ver la cara de desesperación de los pequeños, me acordé de las palabras de mi mujer y corrí en la búsqueda de mis nenes. Para mi suerte, no se habían desplazado del lugar, a pesar que la vecina con las que los dejé, había desaparecido, me dijeron que le agarró el pánico y prefirió dejarlos sin mediar palabra alguna. Ellos solo atinaron a abrazarse y rogar para que los encontrara. Al parecer ambos eran concientes de mi estado calamitoso que llevaba encima, me vieron las huellas que dejaron mis lágrimas. Creo que por eso, no volvieron a preguntar por su mamá. Solo en el entierro, preguntaron si ella los había recordado, les dije sí, ella estará siempre con Uds. cuidándolos. Ambos me demostraron el temple y la personalidad que llevaron consigo, ante tal delicada situación, me sentí muy orgulloso de ellos, pues fueron mi fortaleza en esos momentos.
Pasamos la noche aguantando las demás replicas que se dieron ese día y que continuaron por casi todo un mes. Nadie sabía lo que pasaba, se recuperaban, tomaban fuerzas para rescatar personas, pero venía otro movimiento telúrico a atemorizándolos hasta dejar lo que estaban haciendo, porque sus vidas también corrían riesgo. Incluso ya habían perdido las esperanzas de volver a ver a sus familiares que no lograron escapar de las casas totalmente destruidas. Lo mismo pensé cuando noté que la iglesia estaba derrumbada, solo quedaron en pie las dos torres que tenía a cada lado. Supe en esos momentos, que tampoco vería con vida a mis padres y que solo me quedaba con mis dos pequeños y adorados hijos.
Los días siguientes a la tragedia, fueron muy duros para toda la población. La tarea principal era la de recuperar los cuerpos inertes de los escombros. Se pedía mucha ayuda, nos sentíamos solos en esa labor, las maquinarias pesadas que el gobierno prometió, llegaron a la semana. La ayuda internacional fue la que reaccionó mejor. En esos momentos todos se dieron cuenta que el Perú no estaba preparado para afrontar ésta catástrofe y quedaron en ridículo muchas autoridades pues no supieron cómo solucionar las cosas. Todo era un caos, la gente no tenía los principales productos para su supervivencia. Todo escaseaba, las tiendas al ver que había mucha demanda, vendían los productos al doble costo. Lo mismo sucedía con el agua. Era lamentable ver, cómo las mismas personas se aprovechaban de la necesidad de las personas. No tenía otra opción que comprar cosas sobrevaluadas para poder darles de comer a mis hijos. Lo peor fue, que empezaron a venir varias personas de otras provincias, que aprovechaban la oscuridad de las calles y de la noche, ya que ni teníamos electricidad, a robar y saquear las casas que seguían en pie. Toda la población se encontraba viviendo en carpas que se levantaron en las plazas, formando así, pequeñas aldeas y ni tiempo tenían para revisar que pertenencias habían resistido al sismo. Estos cobardes no les importaba nada, reunidos en grupos de más de 20 personas, arrasaban con todo lo que veían que tenía valor. La policía no podía contener a los asaltantes. Con los vecinos tuvimos que organizarnos y hacer rondas para proteger nuestro barrio de saqueos. Por este motivo y con temor, varias de las personas volvieron a sus derrumbadas viviendas a tratar de arreglarlas un poco y poder vivir, pero al irse de la plaza, no llegaban a tiempo a las reparticiones de víveres que hacían las diferentes organizaciones. La viveza hacia que hasta se hiciera doble cola para así acaparar productos y poder venderlos. Hubo mucha desorganización, caos y descontrol. La ayuda llegaba pero no era suficiente.
Ahora, me doy ánimos para ir como todos los días al cementerio que, desde ese día aumentó su población, dejando copados casi todos los nichos que estaban disponibles, para arreglar la tumba dónde se encuentra mi mujer y las de al costado, en donde se encuentran mis padres. Siempre recuerdo con cariño las vivencias compartidas que pasamos juntos, incluso con mis propias manos, he construido una pequeña capilla con sus respectivas fotos y en donde he puesto diversas imágenes de santos católicos, para que siempre los acompañen en sus eternos descansos. Lo que me extraña y me causa indignación, es que otra vez, como hace un año, están viniendo los políticos de siempre, a tomarse sus fotos respectivas e irse a sus escaños de oro que tienen en el gobierno. Nos prometieron de todo, hasta un bono para construir nuestras viviendas, eso me alegró mucho, hice todos los trámites hasta me entregaron una tarjeta Visa, para cobrar el dicho dinero, cuando llegó al banco con todas las ilusiones a cuestas, pues un día anterior había planeado cómo reconstruir mi casa. Me dicen que no tenía fondos mi cuenta. Reclamé, pero fue en vano, lo mismo le pasaba a la mayoría de personas. Los que llegaban a cobrar algo, les imponían como condición comprar en una sola ferretería, de la cuál, subía al triple los precios de sus productos, con ello, no se podía arreglar nada, la plata era insuficiente. Se creo un ente para planificar las cosas y dirigir los fondos que tenía el Estado para gastar, FORSUR desde el comienzo, no llegó a funcionar nada, el peor error era tener una oficina en Lima, ni siquiera sabían qué necesitábamos. Los periodistas colaboraron en informar y fiscalizar todo lo que pasaba, pues venía ropa que la gente, no solo del Perú, sino de otros países. Se donaban casacas, carpas, etc. Pero cuando esa ayuda se repartía, encontrábamos ropa mal oliente, rota, con hongos, zapatos con huecos en la suela, en otras palabras, inservible e inutilizable. La prensa descubrió que los encargados de los municipios que repartían la ropa, se la llevaban a sus propias casas, para después venderlas al mejor postor, todo era un desastre. Incluso los ómnibus que tenían como destino nuestra ciudad, subieron el precio de sus pasajes, según ellos, porque había mucha demanda. Todos los que tenían familiares aquí, querían saber si aún estaban vivos. Esto causo mucho malestar en la población.
Cuando ya no era de interés nacional lo que nos había pasado, la prensa dejó de venir a apoyarnos, abandonaron la ciudad y esto se quedó desprotegido para que los corruptos hicieran su agosto, con las personas que más necesitaban. Es penoso notar, que los que más ayudaron fueron las personas de otros países, ellos sí se pusieron la mano al hombro y apoyaron mucho en la reconstrucción de las viviendas, pero, claro, no podían quedarse siempre por aquí. Tanto era la desesperación de las personas por tener algo que llevarse a la boca y sobrevivir un día más, que los más pequeños se vieron en la necesidad de ir a pedir limosna a los pasajeros de los buses que venían repletos de gente o que pasaban por las carreteras a otros lugares del sur. Se ingeniaron en acoplar a un palo de escoba un pequeño bolso, para así poder llegar a las altas ventanas de los ómnibus para recaudar plata. Claro, no tardó en hacerse una mafia que tomó la carretera para seguir dando lástima. A pesar de ello, las personas colaboraban. Mis hijos también tuvieron que estar en las carreteras, siempre traían algo de plata y hubo días en que ganaban más que mi trabajo de albañil. Eso no les gustó a los familiares de mi difunta señora, presionándome a dejarlos ir a residir con ellos, ya que allá tendrían un mejor futuro y podían olvidar todo lo que vivieron.
Me costó alejarme de ellos tan repentinamente, me despojaron de los únicos dos seres que me alumbraban la mañana y que me daban las fuerzas necesarias para no dejarme caer, otra vez. Aunque han venido a visitarme un par de veces, no ha cambiado en nada sus sentimientos hacia mi persona. No me miran con resentimiento, son unos chicos estupendos y sé que les ha hecho bien ir a Lima, para tratar de estar bien. Cuando me dicen te extraño mucho, se me rompe el corazón, se me hace difícil respirar normal, pero aguanto las lágrimas, para que no se den cuenta que cada día los añoro más. Me dicen siempre que vaya con ellos a Lima, les digo que no puedo, porque mi destino es quedarme aquí, defendiendo el terreno y la casa que levantaron mis padres, que ahora me toca a mí levantarla. Me miran con orgullo, es ahí cuando aprovecho en decirles, que en diciembre, cuando vengan para navidad, ya habré edificado al menos un cuarto, para que ellos se queden a jugar como siempre futbol con sus amigos. Con esa ilusión encima, vuelven a Lima contentos, pero con la esperanza de que algún día, su viejo padre pueda hacer su casa y vivir por fin con él, como antes lo hacían felices. Esos pequeños hacen cosas imposibles en mí, pues cuando ellos están, dejo mi botella diaria de Pisco y me olvido que me he convertido en su inseparable amigo.