Crónica de un pseudo periodista.

¡Bienvenida, Soledad!

Miro mi celular, pues me doy cuenta que mi reloj que tiene como símbolo el “Cavallino Rampante” de Ferrari, se le ha acabado las pilas y no funciona. Son las 4:30 de la madrugada. Mis ojos aún me arden, me siento cansado, pero no logro conciliar el sueño. Otra vez, vuelvo a sufrir de aquél insomnio tan peculiar en mí. Ya puedo escuchar los carros que pasan por mi calle y la gente que con pasos raudos se lanzan a alcanzarlos para llegar a sus respectivos trabajos. Prendo el televisor. Como siempre hay malas noticias, puras muertes y asesinatos ocurridos en la madrugada. “Mientras todos dormían”, fueron las palabras del buen conductor televisivo, que todos admiran no por su sobresaliente nariz, sino por su gran carisma. Me levanto sin más remedio. Me ducho. Vuelvo a la cama. Observo más noticias. Me aburro. Me voy a la computadora. Abro mi correo. No hay nada interesante. Pongo las canciones de Andrés Calamaro de fondo. Me animo a cantar algo, eso me hace sentirme despierto. Aunque sé que todo el día estaré con una cara de zombi. Me leo los periódicos nacionales e internacionales. Miro mi blog, para saber cuántas personas han entrado a leerme, no hay muchas, ni siquiera puedo llegar a la lista de los 512 blogs más leídos del país, menos estar entre los 100.000 páginas más vistas de la Web. Todo un desastre pero no pierdo las esperanzas de algún día estar entre los más leídos y así hacerme más conocido, aunque tenga que luchar contra el blog de “las nenitas supercalientes de Lima online”. No soporto más el calor que ahora se siente en la ciudad, aunque en las noches siga haciendo el mismo frío de siempre. Salgo a la calle en contra de mi voluntad, soy más hogareño, pero a veces uno necesita respirar aires frescos y sé que en mi casa no conseguiré nada.
El sol es mi peor enemigo, siempre se me irritan mis ojos. Por eso trato de no salir de día, la noche es más amable con mi cuerpo, me siento como un pez en el agua. Mis pasos ahora son lentos. Salgo con mi pequeña cámara fotográfica. Tomo fotos de personas mendigando, de chicos limpiando parabrisas de los carros, mujeres con sus pequeños hijos en sus brazos vendiendo caramelos y todo lo que rodea la gran Lima, “la Horrible”. Fotografío a esas personas, pues viéndolas puedo sacar una historia detrás de cada una. Aunque no soy muy detallista en mis escritos, soy muy observador con la gente, y me gusta deducir qué les intriga, qué les pasa, algo medio detectivesco, pero me funciona para mis personajes que vagan en aquella huerta perdida que he creado para que puedan ver la luz, aunque ficticiamente. Tengo hambre. Entro a un restaurante del centro. Pido un menú de 7 soles. Justo están dando el partido del Barcelona español, mi equipo favorito. Sin prisa, para alcanzar a ver completo el juego, comienzo a devorar lentamente la comida que me había traído el mozo.
En la mesa del costado, una chica con una cabellera roja y vestimenta de trabajadora bancaria, mira impaciente el reloj. Parece que espera a alguien, pues observa siempre a la entrada del local. La mirada de los comensales ya le resulta incómoda, encima que varios tipos que están tomando, no le quitan los ojos de encima. Y no es por nada, pero la chica tenía una belleza desbordante. Claro que también se sentía incomoda cuando la miraba. Pero sus problemas se resolvieron cuando el impuntual de su enamorado, por fin llegó, pero ella no lo recibió mal, más bien esbozó una linda sonrisa y lo llenó de besos. Él con gestos cariñosos le hablaba del tráfico y sus problemas que hicieron que demorase. Ella coquetamente jugaba con aquella falta, cometida por el hombre de su vida, se hacia por ratos la engreída y buscaba una respuesta cariñosa que le hiciera creer todo lo que decía el novio, sin dudar en ninguna palabra. Se nota que cuándo uno está enamorado los defectos de la otra persona parecen graciosos, hasta comprensibles y perdonables, pero cuando ese amor se va por diversas razones, uno ve como algo sorprendente las cosas a las que estaba acostumbrado y piensa cómo pudo soportarlas o aguantarlas tanto tiempo. Puede incluso, llegar a sentir que no eran propias de una persona de su altura y que merecía más de aquella persona, que ahora se le puede ver sobre los hombros, cuándo antes solo se le encontraba en el cielo. La muchacha pelirroja, saca ansiosa de su bolso un pequeño regalo, le dice que se lo compró con mucho cariño y esperaba que le gustara. Él sonrojado no entendía el motivo del regalo pues no cumplían ningún aniversario. Ella riéndose le dice que lo abra y se deje de preguntar tanto. Era un mp4 color plateado. Me encanta le dijo él, pero ¿A qué se debe esta sorpresa? le preguntó. Ella con un fuerte abrazo le dijo: “Feliz día del periodista, tontito”.No era el único despistado en aquellas celebraciones, a mí también se me había olvidado por completo. Antes lo tenía muy presente y claro, vivía en ese ambiente. Ser parte de los “cronistas” del Congreso, tenía muchas ventajas. Los “padres de la patria” se esmeraban por hacer cumplidos a la prensa, nos daban pequeños presentes y a sus engreídos más cosas, por supuesto, pues por ellos, aquellos congresistas eran conocidos por el público y no quedaban mal con sus votantes, claro que las cosas cambiaban cuando eran asediados por la prensa, no por cometer acciones buenas, sino por alguna falta grave. Era de suponer que a mí no me tocaba gran cosa, pero tampoco me lo esperaba, pues trabajaba para un medio de provincia que se limitaba tan solo a las noticias de los congresistas de la localidad, que a decir verdad, no daban mucho material para redactar una noticia sobre sus planteamientos. Por eso se ponían contentos cuando los entrevistaba para el diario. Después, bastante molestos con mi nota, ellos me mostraban que sus respuestas eran aprovechadas por el director del periódico para hacerlos quedar mal.

Recordando esas buenas épocas me dieron ganas de celebrar este día. Tan mal no me podía ir, además aún conservo las credenciales de los medios por los que he pasado. Y para eso están los amigos. No busqué a mis colegas pues ya sabía dónde los podía encontrar, en la “Isla del Paraíso”. Es el único local que entras sin pagar ni un sol, tan solo te piden tu carnet de prensa. Asistí a aquellas fiestas en esas épocas, nunca en mi vida observé a tantos periodistas juntos, bailando y haciendo una interminable cola para conseguir la jarra de cerveza. A la mayoría no los conocía, pero no faltaba uno a quién reconocer, por el medio o por pertenecer a la misma facultad de comunicaciones. Aunque solo nos conocíamos de vista nos saludábamos como si hubiéramos compartido miles de anécdotas. Bueno, uno con cerveza es amigo de todos, las diferencias que antes había se disipaban en esos instantes y claro el tema siempre era el medio en que trabajabas, si te pagaban bien o qué tipo de jefe te tocó. Después de esas reuniones las relaciones entre nosotros eran más cercanas, conocías a la chica creída y más bonita de la redacción o al chico tímido que solo se limitaba a escribir y se iba directo a su casa. Se formaba buen ambiente, claro, hasta que llegaba el editor y nos ponía como hormigas a trabajar.
Es raro, siempre me pasa cuándo necesito de algún amigo. Al llamarlos, ellos estaban haciendo otras cosas. Es de suponer pues ninguno está en un medio de comunicación y por supuesto ni se acuerdan de que hoy es el día del periodista. Por eso cuando miraba mi celular por si había algún mensaje o una llamada perdida, no encontraba nada. Aunque les mandé mensajes de texto, para ver si nos podíamos reunir, cómo quién no quiere la cosa, ninguno me respondió. Pero se me dio por ver la agenda telefónica y ahí de casualidad leí el número de una de mis ex enamoradas. No la veía desde el día de mi cumpleaños. Me encantó verla esa noche, pues nos divertimos cómo nunca, bailamos a más no poder y tomamos como si fuéramos vikingos. A pesar que nuestra relación duró medio año, nos conocíamos desde pequeños. Vivíamos en el mismo barrio, así que no era difícil buscarla y encontrarla. Por eso creo que tuvimos muchos reencuentros con ella. A veces nos volvíamos a ver en una fiesta de algún amigo en común y sentíamos que el tiempo no había pasado, pues las miradas cómplices eran cómo en nuestros mejores tiempos. Cuando bailábamos, nos agarrábamos de las manos, entrelazados los dedos intentaba acercármela para sentir su cariño. En silencio aceptaba mis afectos y me abrazaba. Creo que el abrazo es muy necesario en una relación, significa un apoyo de la pareja, un consuelo, un sentimiento que cualquiera te lo puede dar, pero si alguien a quién amas te lo brinda, sientes una sensación de alivio y comodidad. Tanto sentía su ternura, que me provocaba quedarme dormido en sus delgados hombros para siempre. Quizás sienta esos deseos de protección, no por falta de cariño o de afecto, pues estoy acostumbrado desde pequeño a recibirlo, sino es que me gusta darlo y que buenamente me lo brinden, en algunos momentos se necesita sentirlo, para saber que no estás tan solitario en esta vida tan dura que te tocó vivir. No solo nos quedábamos en abrazos, manifestábamos nuestros sentimientos al besarnos apasionadamente. Sentíamos que en el mundo solo existíamos los dos, pues muchas personas estaban en contra de nuestra relación. Sembraron dudas en el camino de ambos, pero a pesar de todo, el cariño que nos brindábamos seguía intacto. Aunque al menor descuido o pequeña discusión, decidíamos terminar. Y eso pasó muchas veces. Con idas y vueltas, con pareja o sin pareja, siempre llegábamos al mismo punto. Huir de las personas y disfrutar de, al menos, un pedacito de cielo en medio de tantas dificultades.
Debo confesar que nunca luché por ella, por aquel amor que muchas veces le insinuaba sentir. En ese tiempo dejaba pasar las cosas tal y cómo vengan, sean malas o buenas. Por ello, muchas cosas importantes perdí, personas que hoy recuerdo con cariño, aunque sé que nunca volverán, ni tendré la oportunidad de decirles cuánto lo siento. Me fui siempre de su lado, porque también notaba en ella esa falta de ánimos, no me ponía las pilas ni me retenía. La frialdad siempre me dañó. No me gusta que las personas me muestren ese lado de su ser. Menos una persona que me demostró tanto cariño y una acogedora felicidad. Me siento dolido cuando noto que la frialdad otra vez me ataca, con diferente rostro, en distintas personas, pero con el mismo deseo y objetivo. Mandarme al destierro, al frío invierno del polo norte, para que recuerde mis errores y me flagele con la pena de haber perdido algo maravilloso que nunca lo supe retener. Después de cada beso con ella, sabíamos que ambos teníamos que recorrer un camino distinto. Nuestras vidas eran completamente opuestas, las metas diferentes y los amores también. Al partir de su acogedor nido, siempre me iba con la cabeza agachada, pensando que si me sentía mal, ella se podría sentir peor. Pues los besos y abrazos se desvanecían al amanecer. Hasta que el día de mi cumpleaños, ella me buscó y no me arrepiento de encontrarla, pues después de mucho tiempo no me divertía tanto junto a ella. Al terminar la velada y dejar a todos en sus casas, nos encontramos solos, frente a frente, parados en el mismo lugar en el cuál, renacía nuestro más logrado secreto y nos dejábamos llevar por nuestros sentimientos. Pero me dijo, algo que siempre recordaré, mirándome a los ojos “Gracias, por estar ahí cuando siempre te necesitaba”. En esos momentos no pude contener las lágrimas, pero ella no lo notó, pues me abrazaba fuertemente y no dejaba de decirme lo mucho que me quería, que era una persona especial y que siempre quería decirme estas cosas, por eso aprovechaba en decírmelas pues sabía que era el día y el momento de decirlo. Es ahí, cuando llegué a entenderla. Las veces que nos juntábamos, no era solo porque yo la necesitaba, sino que ella sentía lo mismo. Por eso que me dejaba irme sin retenerme, pues sabía bien que volvería y otra vez, me iba a necesitar.
La llamé, no con ánimos de volver a besarla, sino por querer tener una grata compañía, además las cosas para mí estaban muy claras. Era momento de conocer a la amiga que me tenía que ver en ella y que ahora recién se mostró cómo tal. Me respondió muy sorprendida, pues sabía muy bien que no soy de llamar a las personas. Le dije para salir, ella dudó por un momento, pero ante tanta insistencia de mi parte, aceptó. Me sentí aliviado, pues por fin iba a empezar a celebrar este día. Fui a su trabajo, me pidió que la esperara, ya que se le había presentado un imprevisto. Pasó una hora y no salía, yo seguía escribiendo mi relato que ya empezaba a tomar forma. No aguanté más y la volví a llamar. Con voz tímida, me dijo que no iba a poder salir conmigo, pues no acababa de hacer sus cosas. Tratando de no ser irónico, le respondí que “no se preocupe” (siempre digo esta frase, mi mamá se ríe muchísimo al escuchármela, pues cree que todo lo tengo planificado y sé solucionar las cosas y yo me río con ella, pues sí supiera la verdad no se estaría riendo tanto) que ya otro día será y colgué. La verdad es que no sentía cólera, sentía desilusión, pues según ella, estaba cuando la necesitaba y cuándo yo la necesitaba, no estaba. Caminé unas cuadras, esperaba que el semáforo cambiara. En eso una camioneta 4×4, se estaciona al frente de un restaurante. No me sorprendí al ver bajar del auto a la chica, que me había hecho esperar una hora y que tenía mucho trabajo, de la mano de su jefe, desbordando felicidad.
Ya era tarde, me compré cerveza para llevar a mi casa y ahí acabar con el relato que me propuse hacer desde temprano. Es curioso, ahora se me da por escribir en fechas importantes para mí. Aunque sé que la mayoría de mis amigos más cercanos (por no decir, ninguno) no han leído las tonterías que escribo, a pesar que les comento algo ilusionado y con muchos ánimos, lo emocionante que fue escribir aquella historia que ellos no se deben perder en leerla. Se interesaban, pero al encontrarlos por el MSN, les recordaba que visiten mi página, pero nunca tenía tiempo para leer mis cosas, más bien tenían sus propios problemas, más importantes que una historia ficticia y que ya les había comentado de qué trataba. Ahora me empezaban a contar sus cosas, y yo no dejaba de escucharlos o leerlos, para ayudarlos. Pero en venganza, a sus insolencias ante mis humildes relatos, ahora escribo sobre ellos, sobre sus problemas, total, ni se darán cuenta y cuándo lleguen a reclamarme por algo que aquí he dicho, pues recién sabré que al menos me leyeron.
Abro las botellas, me encuentro al frente de la pantalla de mi PC. Hace poco, una amiga que se interesó tanto en mis escritos, me preguntó que parte de mis relatos eran realidad y cuales eran ficticios. Le respondí que trataba de escribir lo que se me venga a la mente, algún suceso que me ha pasado pero cambiándole siempre el final o el comienzo, el personaje o el momento. Que no me creyera nada, que a veces trataba de mezclar las cosas para llegar a una realidad que nunca viví. Al leer mi última crónica publicada, algo preocupada por el tema que se trataba, me volvió a preguntar tímidamente, si lo que contaba en esa historia que parte era verdad o y cuál parte era ficción. Le dije que lo que había leído era todo cierto, que así era mi vida, que así había pasado mi cumpleaños. Se quedó callada y algo consternada por mi respuesta, me dijo: “Cuánto hubiera querido que ese relato fuera ficción”.
“¿Sentiste alguna vez lo que es, tener el corazón roto. Sentiste a los asuntos pendientes volver, hasta volverte muy loco?…” se escucha la voz aguardentosa y con mucho sentimiento de Andrés Calamaro por toda mi habitación, acompañada de mis aullidos que pretenden llegar a las notas pobres de aquél cantante que no es famoso por su melódica garganta, sino por sus tristes canciones, que no solo habla de drogas, sino de desamores y malos pasos. En esos momentos sentía que esas canciones, eran mías, pues relataban tal cuál mis vivencias. Eso me pasa al escuchar todo tipo de canciones, siempre digo que puede una canción sonar y ser un éxito de temporada, pero solo se le toma de moda, pero hay canciones que son para toda la vida, pues al escucharlas sientes que puedes ser tú el de la historia, y cuándo las vuelves a escuchar después de tiempo, se te viene a la mente un sin fin de historias y relatos, que los creías olvidados. Una persona recientemente me dijo que no le gustaba mi pesimismo, que me sentía muchas veces derrotado antes de emprender una competencia, que me aferraba a una botella de cerveza para olvidarme de las cosas y que muchas veces, ella trató de sacarme de ese hueco en el cuál me atrincheraba cada vez que no tenía fuerzas. Ahora ella se cansó de apreciar tal espectáculo del cuál prefirió con mucha tristeza y buen tino alejarse. Es curioso, escuchar esas palabras de aquella persona, pues cuándo estaba con ella, siempre me sentí un ganador.
“Estoy vencido porque el mundo me hizo así, No puedo cambiar. Soy el remedio sin receta y tu amor mi enfermedad. Estoy vencido porque el cuerpo de los dos es mi debilidad. Esta vez el dolor va a terminar…” y sé que terminará, porque ya mis lágrimas empezaron a secarse, porque el amor se puede sentir de un solo lado, pero es triste y se sufre mucho. Me sentía orgullo cuando me pasaba, pero ahora que llegué a sentir que por fin alguien me amaba, me gustó tanto estar en ese estado, que ahora no concibo la idea de sufrir más. Sigue resonando en mis oídos aquella estupenda canción y otra vez la hago mía. Y me pongo contento, no por recordar a la persona que se la dedico, sino porque me doy cuenta que ya he terminado mi relato. Busco alguna foto que vaya con el tema y listo. Le doy “clic” en publicar y soy feliz, al verla ahí, junto a mis otros escritos. Sé que casi nadie lo leerá, pero me nace escribir. Es lo único que trato hacer bien y soy conciente que me falta mucho, pero por eso no dejo de redactar. Es mi naturaleza. No sé si por esto me metí a estudiar para periodista, aunque muchas veces no ejerza esa profesión. Pero creo que aún sin tener un título que me avale como tal, me siento uno de ellos, aunque ellos muchas veces, no se sientan parte de mí.
Veo a mí alrededor. Hay varias botellas vacías esparcidas por todos lados. Es ahí cuando me doy cuenta que ella está a mi lado. La noto ahora resplandeciente, luminosa, como renovada. Me queda mirando a los ojos. Le sonrío. Le hago un gesto para brindar nuestro reencuentro. Me enamoro más de ella. La extrañé. Tanto tiempo sin verla y ahora sin que la llame está ahí, a mi lado y con muchas ganas de quedarse, pero esta vez para siempre. Sabía que iba a venir, tarde o temprano, hubo un momento en mi vida que me hicieron olvidarla completamente. Pero a mí, los sueños bonitos no me duran nunca. Y la realidad me choca una vez más, contra la pared. Resignado y con el último sorbo de la botella de cerveza, ella me dice: “¡Feliz día del periodista!” y yo le respondo: “¡Bienvenida, Soledad!”.

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2 comentarios

  1. Tenía esa tincada de que hoy tenía que visitarte …
    Increíble, las cosas pasan y siguen pasando por un “algo”, la verdad, no sé si para bien … no sé si para mal, pero cada vez que miro dos segundos que ya están muertos, me doy cuenta que ya pasaron …
    Amarte a ti no es lo mejor, lo tengo claro… habiendo tantas cosas por hacer, menos traumáticas.
    Como hallarle figuras a las nubes, como ir al cine o no hacer nada.
    Amarte a ti no es lo mejor, pero me gusta…
    Quizás estoy jugando como siempre al masoquista.
    En vez de distraerme con el fútbol o con el internet como hacen todos.
    Amarte a ti no es lo mejor, pero es perfecto …. Para encontrarle algún sentido a esta rutina. De ser por siempre solo un ciudadano, sólo uno más.
    Amarte a ti me hace sufrir, que es buena suerte.
    Para acordarme de que existo y de que siento.
    Para tener en que pensar todas las noches, para vivir.
    Amarte a ti es un veneno que da vida.
    Es una antorcha que se enciende si se apaga.
    Es lo sublime junto con lo idiota, es lo que siento y a quién le importa.
    Amarte a ti es la verdad más mentirosa.
    Es lo mejor de lo peor que me ha pasado.
    Es la ruleta rusa por un beso, es lo de siempre improvisado.
    Amarte a ti es un error, dice un amigo que cree que ser feliz es estar libre.
    Y se pierde del matiz que da lo incierto, amarte a ti.
    Es la embajada de un instante en mi cerebro.
    Es también haberte odiado un par de veces.
    Amarte a ti es un absurdo y lo sabemos y así será mientras nos dure…

    Olvidé alguna vez mencionar que esta canción me gusta mucho, tal vez no la enseñé como cada mes, porque la temática era distinta…
    … Y me di mil vueltas en el google antes de darle al link del huerta perdido a pesar del fácil acceso que tiene puesto que está en mis favoritos…
    Siempre leí todos tus relatos, incluso más de una vez cada uno, ya sabes… siempre hay uno que es el regalón. Este relato, no pude terminar de leerlo y me hubiera encantado, pero no me da … no pude…Tal vez alguna vez lo termine… Y te pueda dar alguna de mis críticas, esas que tanto me costaba hacer intentando ser objetiva…
    Un abrazo muy fuerte y un beso con mucho cariño para tí en este día (dos horas tarde, pero igual vale)
    FELIZ DÍA PERIODISTA 🙂 …
    Te deseo siempre lo mejor xixe hoy y siempre …
    Nunca dejes de escribir…

  2. michuli, te invito a que hagamos un club de “bienvenida, soledad”, para que todos nosotros nos unamos cuando nos sentimos solos… como el de “el club de las divorciadas” o algo por el estilo..
    a veces… uno debe hacer las cosas por sì mismo… no por los demas… es bueno saberlo…y creo que a vos, escribir, te ayuda a desahogarte, y a demostrar tu personalidad… a contarle a los demas como sos…. y a veces no importa si estos relatos son leidos por miles de personas… eso no te hace mejor escritor… lo que te hace mejor escritor.. es que le llegue al corazon.. a una sola persona…
    te queiro mucho, suerte

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